Tapachula, Chiapas.- La captura de Edgar “N” en la colonia La Primavera, mientras presuntamente ordeñaba gasolina de unidades oficiales para acopiarla en un inmueble privado, expuso algo más profundo que un delito flagrante en la Secretaría de Protección Civil Municipal.
La detención del empleado de bajo rango, sorprendido en la extracción ilegal de combustible asignado a tareas de emergencia, deja al descubierto una cadena de irregularidades que van más allá de un descuido administrativo en el Ayuntamiento que encabeza Yamil Melgar.
El hecho requiere logística, acceso continuo a vehículos oficiales y tolerancia jerárquica, lo que apunta a una práctica que no podría operar de forma aislada.
Tras el escándalo, el Ayuntamiento anunció la separación de Demetrio Martínez al frente de la Secretaría de Protección Civil. La medida busca proyectarse como un golpe de timón, pero huele a contención de daños.
El exfuncionario arrastra señalamientos previos por presunto uso indebido de recursos públicos, utilización de personal para tareas proselitistas fuera de la jurisdicción municipal e incluso acusaciones por la tala no autorizada de árboles para beneficio particular. Dejar correr esas alertas hasta que un operativo de seguridad forzó su salida evidencia la falta de vigilancia interna.
Responsabilizar de forma exclusiva al eslabón más débil permite cerrar la crisis mediática de inmediato, pero deja intacta la red de complicidades que facilitó el saqueo de recursos destinados a la atención de emergencias.
El discurso de “Cero Tolerancia” pierde peso cuando las sanciones ocurren únicamente bajo la presión del escándalo público. Administrar una crisis borrando de la estructura a los mandos expuestos no equivale a erradicar la corrupción.
La verdadera prueba de saneamiento en Tapachula no será el relevo en Protección Civil, sino auditorías profundas y deslindes penales que alcancen a los verdaderos gestores del problema.
