Desde el potente aullido del saraguato hasta el canto de las aves, la selva chiapaneca tiene un paisaje sonoro único
Adentrarse en la Selva Lacandona de Chiapas no solo significa encontrarse con árboles de gran altura, ríos, cascadas y una enorme variedad de animales; también implica entrar en un paisaje sonoro donde cada especie y cada elemento de la naturaleza aporta un sonido diferente.
Desde el potente aullido de los monos saraguatos hasta el ruido constante de los ríos, la selva puede convertirse en una auténtica sinfonía natural. La región alberga algunas de las zonas con mayor diversidad biológica de Mesoamérica y cuenta con áreas protegidas como la Reserva de la Biosfera Montes Azules, Lacan-Tun y el Monumento Natural Yaxchilán.
En lugares como Lacanjá Chansayab, Yaxchilán y otras comunidades y espacios naturales de la región, los sonidos de la fauna se mezclan con el movimiento del agua, el viento entre los árboles y la actividad de cientos de especies.
1. El potente aullido del mono saraguato
Uno de los sonidos más característicos de la Selva Lacandona es el de los monos saraguatos o monos aulladores.
Su vocalización es profunda, ronca y de gran potencia, al grado de que puede escucharse desde diferentes puntos de la selva. Para quienes recorren estos ecosistemas, escuchar un grupo de saraguatos sin necesariamente poder observarlos entre el follaje puede convertirse en una de las experiencias más llamativas del recorrido.
El mono saraguato destaca por su potente aullido, capaz de escucharse a gran distancia entre la vegetación / Foto: Wikipedia
La presencia del mono saraguato está documentada en diferentes áreas naturales protegidas de la región. La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) lo identifica entre las especies representativas de Nahá, al norte de la Selva Lacandona.
Además, la propia Conanp ha descrito los aullidos de estos monos como parte del paisaje sonoro de la selva chiapaneca, particularmente en comunidades como Lacanjá Chansayab.
El sonido suele llamar especialmente la atención durante las primeras horas del día, cuando la actividad de la fauna comienza a hacerse más evidente, aunque los aullidos pueden escucharse en distintos momentos.
2. El llamado del pájaro reloj
Entre los sonidos de las aves también destaca el del pájaro reloj, conocido como toh o momoto en diferentes regiones.
En Chiapas existen especies de momotos que reciben el nombre de pájaro reloj. Una guía de biodiversidad de la Conabio registra al momoto corona café (Momotus mexicanus) con ese nombre común y señala que su llamado consiste en notas cortas y rítmicas. También destaca el movimiento pendular de su larga cola, característica que dio origen al nombre de “pájaro reloj”.
Los llamados de diferentes aves forman parte de la experiencia sonora durante un recorrido por la selva chiapaneca / Foto: Tierras Mayas
El ave puede permanecer quieta durante largos periodos, por lo que en ocasiones su presencia se descubre primero por su vocalización antes que por su plumaje.
Su llamado forma parte del conjunto de sonidos que pueden escucharse entre la vegetación, especialmente durante las primeras horas de la mañana.
Aunque el nombre “toh” suele asociarse particularmente con el momoto ceja turquesa (Eumomota superciliosa), también conocido como pájaro reloj en la península de Yucatán, en Chiapas existen otros momotos que reciben el mismo nombre común. Por ello, no todos los registros de “pájaro reloj” corresponden necesariamente a la misma especie.
3. El murmullo de ríos y cascadas
No todos los sonidos de la selva provienen de los animales.
El agua también tiene un papel fundamental en el paisaje sonoro de la región. Ríos, arroyos y cascadas atraviesan distintos puntos de la Selva Lacandona, creando sonidos que van desde el murmullo suave de una corriente hasta el estruendo producido por una caída de agua.
Ríos y cascadas aportan un sonido constante al paisaje de la Selva Lacandona, acompañado por la actividad de la fauna / Foto: México Desconocido
La Reserva de la Biosfera Montes Azules es uno de los principales espacios naturales de esta región y se caracteriza por sus selvas húmedas y cuerpos de agua. La Conanp destaca sus ríos y la riqueza de sus ecosistemas, donde conviven numerosas especies de aves, mamíferos, reptiles y anfibios.
En sitios cercanos a ríos y cascadas, el sonido del agua puede convertirse en el elemento predominante, mientras que a su alrededor continúan escuchándose aves, insectos y otros animales.
Para quienes realizan recorridos de naturaleza, caminar junto a estas corrientes permite experimentar una parte diferente de la selva: una en la que el agua funciona como una especie de sonido de fondo permanente.
4. El coro nocturno de ranas, insectos y otros animales
Cuando cae la noche, el paisaje sonoro cambia.
Los cantos de aves diurnas disminuyen y comienzan a escucharse ranas, grillos, cigarras y otros insectos, creando una combinación de croares, chirridos y zumbidos que puede mantenerse durante buena parte de la noche.
Al caer la noche, ranas, grillos, cigarras y otros animales incrementan la actividad sonora de la selva / Foto: Experto animal
La variedad de estos sonidos está relacionada con la enorme biodiversidad de la región. La Reserva de la Biosfera Montes Azules, por ejemplo, concentra una gran diversidad de fauna y es considerada una de las áreas naturales protegidas más importantes de la Selva Lacandona. La Conanp señala que en esta reserva se han registrado numerosas especies de mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces de agua dulce.
En zonas húmedas, los anfibios encuentran condiciones favorables para desarrollar su actividad, mientras que diferentes insectos producen sonidos que se suman al ambiente.
Por eso, una caminata nocturna por la selva puede sentirse completamente distinta a un recorrido durante el día: incluso cuando la oscuridad dificulta observar animales, el oído permite identificar que el ecosistema continúa activo.
5. El estridente llamado de la guacamaya roja
Otro sonido que puede llamar la atención en la Selva Lacandona es el de la guacamaya roja, una de las aves más emblemáticas de esta región de Chiapas.
Su llamado es fuerte y fácilmente reconocible cuando los ejemplares sobrevuelan la copa de los árboles o se desplazan entre diferentes zonas de la selva.
La especie está presente en áreas protegidas como Montes Azules, Lacan-Tun y Yaxchilán. La Conanp señala a la guacamaya roja entre las especies representativas de estos espacios naturales.
La guacamaya roja es una de las especies emblemáticas que habitan en distintos espacios protegidos de la Selva Lacandona / Foto: México Desconocido
En Yaxchilán, por ejemplo, la exuberante vegetación permite observar especies emblemáticas como las guacamayas rojas y los monos aulladores, mientras que el río Usumacinta forma parte del paisaje natural que rodea al sitio.
La guacamaya roja también tiene una importancia especial para la conservación. La Conanp señala que esta ave funciona como dispersora de semillas y que la población silvestre de la especie en México se encuentra restringida principalmente a zonas de la Selva Lacandona.
Una selva que también se descubre con los oídos
La Selva Lacandona es uno de esos lugares donde conocer la naturaleza no necesariamente implica estar observando animales todo el tiempo.
Muchas especies permanecen ocultas entre los árboles, se desplazan por las copas o tienen hábitos nocturnos. En esos casos, sus sonidos pueden ser la primera señal de que están cerca.
El aullido de los saraguatos, el llamado de las aves, el ruido de los insectos durante la noche y el movimiento del agua forman parte de un ecosistema en constante actividad.
La Reserva de la Biosfera Montes Azules, con sus 331 mil 200 hectáreas, protege algunas de las últimas porciones bien conservadas de la Selva Lacandona y representa uno de los principales refugios de especies como el jaguar, el tapir y la guacamaya roja.
Por ello, si tienes la oportunidad de visitar esta región de Chiapas, además de mirar los paisajes, vale la pena detenerse unos minutos, guardar silencio y escuchar.
Quizá entre el ruido de las hojas, el agua y los insectos aparezca el aullido de un saraguato, el llamado de un ave o el fuerte graznido de una guacamaya.
Porque en la Selva Lacandona, la naturaleza también cuenta su historia a través de sus sonidos.
