Habitantes exigen soluciones y cuestionan el manejo de residuos; la planta de SENASICA utiliza plasma, hemoglobina, huevo y leche para criar las larvas
Metapa de Domínguez, Chiapas- (DSN). – Lo que fue presentado como una infraestructura estratégica para combatir el gusano barrenador del ganado comienza a convertirse en un serio conflicto social y ambiental en Metapa de Domínguez.
A menos de tres meses de su inauguración, la Planta de Producción de Moscas Estériles del Gusano Barrenador enfrenta protestas de habitantes, padres de familia y estudiantes que denuncian fuertes y persistentes malos olores, además de exigir respuestas sobre el manejo de los residuos generados por el proceso de producción.
La planta fue inaugurada el 27 de junio de 2026** por los gobiernos de México y Estados Unidos y tiene como objetivo producir machos estériles de “Cochliomyia hominivorax” para combatir la propagación del gusano barrenador del ganado. SENASICA informó que la infraestructura tiene una superficie aproximada de 3 mil metros cuadrados y capacidad proyectada para producir más de 100 millones de moscas estériles por semana.
Sin embargo, el proyecto enfrenta ahora el reclamo de la población local.
Fétidos olores provocan protestas
Durante los días 7, 8 y 9 de septiembre, habitantes de Metapa realizaron protestas y bloquearon los accesos a la planta para exigir una solución al problema de los olores.
Medios locales y nacionales reportaron que padres de familia y estudiantes de escuelas cercanas atribuyen a los olores diversos malestares, entre ellos dolor de cabeza, náuseas y vómito. También se ha reportado la suspensión de actividades escolares y reclamos por el impacto que la situación está teniendo en la comunidad.
La inconformidad no surgió de un solo día. De acuerdo con reportes periodísticos, habitantes señalan que ya habían dialogado con responsables de la planta y que el 28 de agost* se habría presentado un cronograma para reducir los olores. Los inconformes sostienen que las medidas no resolvieron el problema.
La situación llegó al punto de que pobladores solicitaron incluso la reubicación de la planta.
¿Qué producen y qué utilizan para alimentar a las moscas?
Aquí aparece uno de los aspectos que merece mayor atención.
La propia información oficial de SENASICA confirma que la cría industrial de las larvas requiere una dieta artificial.
La dependencia señala que la dieta larvaria está compuesta por una mezcla de plasma, hemoglobina, huevo y leche.
Es decir, el proceso utiliza materiales de alto contenido orgánico y proteico para conseguir el desarrollo de las larvas.
Cuando las larvas alcanzan su madurez, pasan a la etapa de pupa. Posteriormente son irradiadas con Cobalto-60, en una dosis de entre 55 y 70 Gy, para impedir su reproducción. Finalmente, las moscas adultas son preparadas para su liberación en campo.
Por lo tanto, la planta debe manejar diariamente no solamente millones de insectos, sino también dieta larvaria, residuos biológicos, agua de proceso, excretas y otros materiales derivados de la producción.
Y precisamente aquí surge una de las preguntas centrales de la controversia.
¿Dónde terminan los residuos?
Habitantes de Metapa han señalado preocupación por el destino de los residuos y existen señalamientos sobre una **posible llegada de residuos al río San Antonio.
Esta afirmación, sin embargo, debe ser comprobada técnicamente.
Hasta el momento no existe en las fuentes oficiales consultadas una prueba pública que permita afirmar que la planta esté descargando residuos directamente al río San Antonio.
Por eso, la pregunta periodística no debería ser solamente si existe contaminación, sino:
¿Qué sucede con los residuos y aguas residuales después de que salen del proceso de producción?
SENASICA afirma que la planta cuenta con un sistema hidrosanitario mediante el cual toda el agua que sale del complejo es esterilizada con vapor a 70 grados Celsius, y también señala que el agua que ingresa a las instalaciones pasa previamente por un proceso de nanofiltración.
Pero una cosa es la explicación institucional y otra muy distinta es contar con resultados independientes de laboratorio que permitan comprobar que el sistema funciona correctamente.
Las preguntas que las autoridades deben responder
Ante las denuncias, hay preguntas concretas que deberían ser contestadas públicamente por SENASICA, CONAGUA y las autoridades ambientales y sanitarias:
¿Dónde se descargan las aguas residuales de la planta?
¿Existe un punto de descarga autorizado?
¿Qué permiso tiene la planta para realizar descargas de aguas residuales?
¿Se han tomado muestras del agua del río San Antonio?
¿Existen análisis realizados antes y después del supuesto punto de descarga?
¿Qué tratamiento reciben los residuos orgánicos derivados de la dieta de las larvas?
¿Qué ocurre con el plasma, hemoglobina, huevo y leche que no son consumidos?
¿Cómo se manejan las excretas de las larvas y las pupas o insectos muertos?
Y una pregunta fundamental:
¿Qué sistema está utilizando la planta para controlar los olores y por qué, según los habitantes, no está funcionando de manera suficiente?
El problema podría crecer con la producción
El tema adquiere todavía mayor importancia porque la planta fue diseñada para aumentar significativamente la producción de moscas estériles.
SENASICA informó durante la construcción que la instalación permitiría generar más de 100 millones de moscas estériles adicionales por semana.
La Jornada reportó esta semana que la planta opera actualmente alrededor del 40 por ciento de su capacidad, mientras habitantes expresan preocupación por lo que podría ocurrir si la producción aumenta sin resolver primero el problema de los olores.
Esto plantea una cuestión lógica:
Si actualmente existen problemas de olores con una operación parcial, ¿qué ocurrirá cuando la planta alcance su capacidad máxima?
Un proyecto necesario, pero que debe ser transparente
La lucha contra el gusano barrenador es estratégica para la ganadería mexicana. La propia autoridad sanitaria considera la planta de Metapa una infraestructura clave para prevenir, controlar y erradicar esta plaga.
Pero la importancia sanitaria del proyecto no elimina la obligación de cumplir con las normas ambientales ni de proteger a la población que vive alrededor de las instalaciones.
La discusión, por lo tanto, no debería reducirse a estar a favor o en contra de la planta.
El verdadero debate es otro:
¿Puede una instalación estratégica para proteger al ganado operar sin generar afectaciones ambientales y sociales para la población de Metapa?
Y si los habitantes denuncian que existen malos olores y una posible afectación al río San Antonio, corresponde a las autoridades investigar, medir y publicar los resultados.
Porque si los análisis demuestran que no existe contaminación, las autoridades tendrán argumentos científicos para tranquilizar a la población.
Pero si los análisis encuentran una descarga irregular o contaminación, entonces deberán determinarse responsabilidades y corregirse inmediatamente las fallas.
Metapa no necesita solamente promesas de solución. Necesita datos, análisis de laboratorio, transparencia y respuestas oficiales.
